No tan distantes

Texto: Guillermo Álvarez      I       Fotografía: Victoria Santos      I      Abril, 2018

La sala Hugo Balzo del SODRE fue sede de la primera edición del Festival Núcleo Distante, llevado a cabo por Gonzalo Deniz (Franny Glass) y Florencia Núñez, dos artistas que forman parte del colectivo que da nombre al evento, actualmente conformado por 22 solistas de 10 países latinoamericanos. El año pasado sellaron su unión con el trabajo Núcleo Distante: canciones que nos enviamos en nuestro grupo de wasap; su objetivo es darse una mano en el paso por el continente mediante la organización de recitales que los reciban. En esta oportunidad sus embajadores uruguayos –con la ayuda de la productora A chicken – generaron un encuentro en el que se presentaron seis artistas del núcleo y seis artistas de la escena local organizados en dos días, en presentaciones de no más de veinticinco minutos cada una, donde un público respetuoso y tranquilo recibió con calidez cada una de las propuestas.

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El primer día comenzó con el saludo de bienvenida y el agradecimiento de Florencia y Gonzalo, que explicaron a los presentes la dinámica del festival: tres proyectos en formato acústico, luego un intervalo en el hall donde se nos convidaría con cerveza o refresco, y de nuevo en la sala los siguientes tres, en un formato más eléctrico y con más músicos sobre el escenario.

La encargada la apertura del festival fue Lali Gaspari, acompañada por Gabriel Mazza en guitarra. La cantante y tecladista, que forma parte de bandas como Desayuno Continental y Cielos de plomo, presentó las canciones de su primer disco solista, Gris, que fue grabado el año pasado y que lleva bien puesto el nombre: la nostalgia cargada en las letras, el sonido de piano siempre acompañando, el color de la voz y el arraigo de la autora con la obra lograron llevarnos rápidamente al plano de la melancolía. Y eso era justamente lo que necesitábamos; algunos aún no se habían sacado el abrigo, y la noche del viernes era fría y seca.

Al finalizar “Nuestro acorde favorito” Lali nos dejó en manos de Vicente Cifuentes, el segundo cancionista de la noche. Vicente nació en Chile, en la ciudad de Chillán, vivió una gran parte de su vida en República Dominicana, donde conoció y se entregó a la bachata, el género que abriga sus canciones y que junto con su banda Los Buenos Momentos está intentando reivindicar; y parece poder lograrlo solo con una guitarra criolla. Nos convidó canciones de sus discos Bachata Local volumen 1 y 2, y su último sencillo, La caverna, que cantó fuera del micrófono, cerquita de la gente, y así nos hizo sentir a todos cerca de todos.

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Si Vicente nos indujo a la unión, Ezequiel Borra nos animó a la risa, nos desestructuró con sus canciones melodiosas, que pueden pasar por candombe, zamba, folklore, bossa, blues y canto popular rioplatense, pero parecen haber conseguido un lenguaje propio que trasciende los géneros. Ezequiel es un músico argentino multi instrumentista, se ha desempeñado como productor y ha trabajado componiendo para cine y teatro. Compartió su disco Lo Peor (2015), invitando a Vicente Cifuentes y a Lucio Mantel a cantar la canción que da nombre al disco, desenchufados, otra vez con la gente, que ya se estaba acostumbrando a esta idea, disfrutándolo, celebrándolo.

Después de una espléndida versión de Lo dedo negro, de Eduardo Mateo (gracias), y la canción que “habla de las callecitas de Buenos Aires”, Ese qué sé yo, pasamos al intervalo, donde no importó el frío, porque se había quedado afuera y así pudimos tomar cerveza y distendernos en el hall por unos veinte minutos.

Ante una Hugo Balzo ya completa a estas alturas, Martín Rivero añadió la cuota de energía en el momento justo. El año pasado publicó La espuma de las horas, editado por Bizarro Records. Contó con la colaboración de varios productores y amigos como Luis Angelero, Ino Guridi, Mariano Esaín y Guillermo Berta. Con este último en los pads y pistas, el ex Astroboy recorrió su último disco, oscilando entre el indie y el britpop con Faro o Infinita, y acercándose a la electrónica y al pop con Siddharta y Kimchi, que comenzaron a arrebatarnos la tranquilidad que nos había dejado la primera parte.

Llegó el turno de Florencia Núñez, una de las organizadoras del festival e integrante del núcleo que allí nos reunió: viene encantando a la cultura musical de nuestro país con sus canciones desde Mesopotamia, su primer disco, que recibió el premio al mejor álbum indie en los Premios Graffiti 2015, y esta noche estaría defendiendo su más reciente trabajo, Palabra clásica. Acompañada por Brian Rojas en guitarra, Santiago Miraglia en los teclados y Guillermo Berta en batería, Florencia se hizo con todas nuestras sonrisas sin ningún tipo de dificultad; su carisma y su talento son excelentes aliados. Nos regaló hermosos momentos con canciones como Memoria en murales o Pacto (donde fuimos coristas arreglados por ella misma y salimos airosos cumpliendo con la materia). 

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Los Hermanos Laser

Florencia terminó su set con Bailando en la silla, y dejando el escenario caliente para que suban a cerrar el primer día de este Festival Núcleo Distante Los Hermanos Laser. La banda, que explora el folk y el indie rock, nos puso a tiro con las canciones de El problema de la forma, su disco editado en setiembre del año pasado, producido por Gabriel Casacuberta. Después de Selva, que reza sobre la bellísima máxima “mi palabra es todo lo que tengo para dar”, fue el turno del primer disco, pasaron por Nosotros dos, Turbio y pusieron broche de oro a la velada con Perfume.

El segundo día el festival encontró a Montevideo igual de fría, pero la sala Hugo Balzo esta vez estaba llena desde el comienzo. Nos recibió Federico Morosini, el líder y compositor de Julen y la gente sola, una de las bandas que más ruido viene haciendo en el circuito del indie uruguayo, recorriendo la escena local y llevando su impronta a países como Argentina, Chile y Perú. Editaron su disco homónimo en el año 2014, y Fede publicó el disco solista La fiesta de la tristeza. Solo con su guitarra eléctrica y unos pocos efectos tocó canciones como Omnibuses, Viaje por planetas y 20.000 km, sacudiendonos por dentro con esa voz que parece que se va a romper pero no, por momentos sube y se hace fuerte y sólida, para luego apagarse lentamente, casi hasta el susurro. Fuimos conmovidos y movilizados en todo momento, excelente elección por parte de quien armó la grilla para comenzar esta nueva jornada de música.

Luego de Fede fue el turno de Lucio Mantel, un cantautor argentino que lleva más de diez años en su carrera solista, que comenzó con Nictógrafo en el 2005, y hoy se encuentra a punto de sacar su quinto álbum de estudio, Todas las formas de estar (se encuentran disponibles dos adelantos del mismo). Nos emocionó con su poética, que se entrelazaba perfectamente con las melodías y la guitarra, con las canciones de Confín, su cuarto disco. Aprovechó para invitar a Gonzalo Deniz en Raíz Salvaje; pasó por Nictógrafo con Otoño y Nadie en el espejo, donde se desenchufó el también y se adelantó hacia el público, invitando a Ezequiel Borra a cantar. Nos volvió a producir esa sensación de unión que nos trajo Vicente el día anterior: la sonrisa, el gesto amable, la lírica que rebota por todos lados pero más que nada adentro de uno, la canción.

 

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Antes del intervalo tuvimos a Carlos Mendez, cancionista panameño que ha recorrido el continente y tiene tres discos en su haber. Comenzó su show con Mar, la canción que le dedica a su hija Mar y le puso el nombre también a su segundo disco. Luego nos contó la historia de Dakota, de ese mismo disco, que transcurrió el día después del 9/11, en Nueva York, y que él vivió en carne propia. La emoción de Carlos al cantar denota la veracidad de sus palabras, las siente en el pecho, y nos las hizo sentir. Siguió con una versión de Juanito Alemania de Tite Curet Alonso, luego con De pié, de su primer disco, y se despidió con uno de sus últimos trabajos, Ay ay ay, que compartió con Andrea Etcheverry, la cantante de Aterciopelados.

Como la dinámica del día anterior se repite, volvimos a beber cerveza, esperando por los siguientes tres números y a sabiendas de que empezaríamos a movernos paulatinamente, a agitarnos, aunque sea en la silla. 

Romina Peluffo

Ya adentro y acomodados en nuestros lugares, empezó a sonar La caja de zapatos. En escena Romina Peluffo, acompañada por Laura Gutman y Santiago Peralta, que conformaron el trío de guitarras. Ellos mismos fueron los productores de OBSESA, el disco de diez tracks que dio comienzo a su carrera musical en setiembre del año pasado. Romina tiene una forma envidiable de decir las cosas, de ordenar las palabras, y no es cuestión de azar; si bien su camino en la música acaba de comenzar, viene encontrándose con el arte desde siempre: estuvo involucrada en el mundo del teatro y el cine, y muestra un gran gusto por la literatura. Siguió con el repertorio del disco, explicando antes un poquito de cada canción, como en Pobre el diablo, donde algunos aprendimos un dicho nuevo. El momento culmen, o como ella misma dijo, “la perlita”, fue la musicalización de 1964 de Jorge Luis Borges, en el que recitó la primera parte y cantó la segunda. Terminó su show con el corte, Obsesa, y luego Bring it on, que dejó en claro la confianza y amor propio de la cantautora, que realmente tiene con qué. “Tirenme con todo, estoy preparada”.

 

La fortaleza que nos dejó Romina fue eficaz para lo que venía después, y que muchos estábamos esperando. Las Niña Lobo desembarcaron pateando el tablero hace muy poco (cuesta creer que hace tan poco), y cuando pasa algo así hay que tener los ojos bien abiertos y a disposición. Las chicas lanzaron su EP de tres canciones en Junio, con ayuda de Riki Musso, que también estuvo en el sonido la noche del sábado. El indie es fresco y prolijo, la monotonía de la voz no molesta, suma, así como los coros armonizando y los arreglos de teclados. Un comienzo a lo grande como este solo puede seguir para arriba, y sumando elogios bien merecidos.

 

Niña Lobo

Para que nos vayamos bien arriba, contentos, satisfechos y realizados, Franny Glass tomó por asalto el escenario con Guillermo Berta en batería, Matías Gonzalez en guitarra eléctrica, Lucía Romero en teclado y trompeta y Javier Vaz Martins en bajo. Técnicas para hacer fuego fue la primera bala, de su último disco Desastres Naturales, seguido Cine y Libros, del primero. Pasó por Planes con Algún día y El amor anda suelto, y antes de esta última otro guiño con Hoy no quiero verte nunca más.  A pesar de ser bastante serio arriba del escenario, Gonzalo supo hacernos reír entre tema y tema. Confesó que temía más olvidarse de alguien en los agradecimientos que cualquier cosa que refiera a la música, pero seguro no se olvidó de nadie, y si lo hizo, estaban avisados. Nos brindó un show heterogéneo, para todos los gustos, se veía conectado con la banda y con el público, que entregado a las canciones se hizo eco de su voz.

Vaya herramienta unificadora la música, la canción. El núcleo puede ser distante pero las distancias se acortan fácilmente con festivales de este tipo. Fue muy gratificante ser parte y conocer a grandes y talentosos artistas. Celebramos esta primera edición del Festival Núcleo Distante, y esperamos que sea la primera de muchas.

 

 

Niña Lobo
Fede Julen
Lucio Mantel y Franny Glass
Martin Rivero
La fórmula perfecta

La fórmula perfecta

La Foca nos presenta su último disco, La Fórmula, que estrenaron el pasado marzo. Más de veinte años de trayectoria moldean cada canción dentro de este cohesivo disco, el séptimo de la banda, haciendo que la experiencia auditiva se vuelva extra sensorial, transportándonos a un espacio de serenidad y melancolía.